Blog · Reflexiones
Cuando duele y no entendés

Salmo 34:18; Romanos 8:28
Hay momentos en que la vida se viene abajo de golpe. Un diagnóstico, una pérdida, un hijo que se aleja, un trabajo que se termina. Y junto con el dolor aparecen las preguntas. ¿Por qué a mí? ¿Dónde está Dios en todo esto?
La Biblia no esquiva esas preguntas. Job las hizo. David las escribió en varios salmos. Jeremías lloró tanto que le dicen el profeta llorón. Dios no se ofende cuando le traemos nuestro dolor tal cual es. Es más, nos dejó en su Palabra oraciones llenas de lamento para que aprendamos a hacerlo.
El Salmo 34 dice que el Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón y salva a los abatidos de espíritu (Salmo 34:18). Cerca. No dice que el dolor desaparece enseguida. Dice que Él no se va.
Y en Jesús vemos hasta dónde llega esa cercanía. El Hijo de Dios lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro. Sufrió el abandono, la traición y la cruz. No tenemos un Dios que mira el sufrimiento desde lejos, sino uno que lo conoce desde adentro.
Romanos 8:28 es un versículo muy citado y a veces mal usado. No dice que todo lo que pasa es bueno. Dice que Dios hace que todas las cosas cooperen para bien de los que lo aman. Hay cosas que son malas y duelen, y la Biblia las llama así. Pero Dios es capaz de tomar incluso eso y usarlo para formarnos a la imagen de su Hijo.
Si estás atravesando algo así, no te aísles. Es la tentación más común y la más peligrosa. Buscá a alguien de la iglesia, pedí oración, dejá que te acompañen. A veces lo que más ayuda no es una explicación sino una presencia.
Un día Dios va a enjugar toda lágrima. Hasta entonces, nos sostiene.
