Blog · Reflexiones
Leer la Biblia sin abandonar en febrero

Salmo 119:105; 2 Timoteo 3:16-17
Casi todos empezamos alguna vez un plan para leer la Biblia en un año. Génesis va bien. Éxodo también. Y en algún momento de Levítico, por febrero, el plan queda abandonado y aparece la culpa.
Leer la Biblia importa porque es la Palabra de Dios. Pablo le dice a Timoteo que toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en justicia (2 Timoteo 3:16-17). El salmista la compara con una lámpara para sus pies y una luz para su camino (Salmo 119:105). Una lámpara no ilumina todo el camino de una vez. Alcanza para el próximo paso.
Algunas ideas que nos han servido:
Empezá por un libro, no por toda la Biblia. El Evangelio de Marcos es corto y se lee en pocas semanas. Te pone frente a Jesús desde el primer capítulo.
Leé poco y pensá mucho. Un párrafo bien leído vale más que tres capítulos pasados por arriba. Preguntate qué dice sobre Dios, qué dice sobre nosotros y qué cambia en tu vida.
Elegí un momento y un lugar fijos. Puede ser con el mate de la mañana, en el ómnibus o antes de dormir. La rutina sostiene cuando las ganas no están.
Leé con otros. Compartir lo que leíste con un amigo o en un grupo te ayuda a entender más y a no abandonar.
Si te atrasás, no intentes ponerte al día con todo. Retomá desde donde estás.
Y sobre todo, acordate de que la Biblia no es un manual de autoayuda. De principio a fin nos cuenta una historia que apunta a Jesús. Cuando leés buscándolo a Él, hasta los pasajes difíciles empiezan a tener sentido.
No leemos para que Dios nos quiera más. Leemos porque ya nos quiere y nos habla.
